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André-Pierre Gignac, el ÍDOLO FRANCÉS DE TIGRES

Después de la experiencia con el Loco en su país, desembarcó en tierras aztecas para convertirse en emblema de un poderoso club

A los 35 años, e identificado plenamente con Tigres, donde juega desde hace cinco años, el francés de origen gitano André-Pierre Gignac, que disputó con su selección nacional el Mundial de 2010, es considerado uno de los máximos ídolos de la historia del club y tras ganar por fin con su club el torneo continental de la Concacaf tratará de ganarle al Bayern Munich la final del Mundial de Clubes, a la que un equipo mexicano llega por primera vez desde que se juega este torneo en sus 16 ediciones.

Grignac dejó el Olympique de Marsella en 2015 para trasladarse al fútbol mexicano cuando tenía 30 años para ser contratado por Tigres y desde ese momento formó parte de un brillante ciclo de cinco años en los que llegó a ganar 4 Ligas locales, 3 “Campeón de Campeones” (similar a la Supercopa Argentina), la reciente Liga de Campeones de la Concacaf, un Balón de Oro como mejor jugador del campeonato mexicano y es el máximo goleador de su equipo en la historia de la liga continental con 14 goles, además de ser el capitán.

Ahora contra el Bayern Munich, en la final del Mundial de Clubes de Qatar, va por su máximo galardón luego de haber obtenido, por fin, una Liga de Campeones de la Concacaf que a Tigres ya se le había negado en tres finales anteriores, las tres ante equipos mexicanos (2016 ante América, 2017 ante Pachuca y 2019 ante sus rivales de ciudad, los Rayados de Monterrey). En 2015, el año de su llegada desde Francia, fue derrotado por River en la final de la Copa Libertadores.

De origen gitano, algo que contó años más tarde a la revista So-Foot, Gignac nació en 5 de diciembre de 1985 en la localidad de Martigues, al sur de Francia. Sus abuelos pertenecían a la comunidad gitana española que había emigrado a Argelia y tal vez por esta razón uno de sus referentes siempre fue Zinedine Zidane, cuya familia también tiene origen argelino, al punto de que llegó a manifestar que el actual entrenador del Real Madrid “es por lejos el mejor jugador de la historia de Francia, aunque entienda que otros digan que fue Michel Platini o ahora haya quienes crean que lo es Kyllian Mbappé”.

Su madre vendía ropa de mujer en las caravanas y no fue de extrañar que con Zidane como referencia, Gignac se volcara al fútbol aunque como delantero goleador, con un físico más parecido al de Olivier Giroud (1,88 metro y 90 kilos), de quien se hizo amigo en la selección francesa al punto de aceptar no ser convocado desde hace tiempo “porque entendí que lo ayudaba a él a motivarse sabiendo que yo le podía hacer competencia, pero él demostró en el Mundial de Rusia, sin necesidad de hacer goles, por qué estuvo allí y es tan campeón mundial como los demás”. Sin embargo, su ídolo de la niñez fue el holandés Ruud Van Nistelrooy, especialmente en su época de goleador en el Manchester United, cuando se sentaba a verlo por la TV. Es primo de otros dos futbolistas gitanos como Jacques Abardonado (Grenoble Foot 38) y Yohan Mollo (Zewnit de San Petersburgo).

Su carrera como futbolista se inició en un club local, el ES Fos-sur-Mer, donde pasó cinco años antes de unirse al club de su ciudad, el FC Martigues y tras casi siete años allí, le dieron el pase libre por lo que viajó mil kilómetros para instalarse en la región de la Bretaña y se unió entonces al Lorient. Allí permaneció dos años en sus divisiones inferiores para debutar en la Primera en la temporada 2004/05, cuando su entrenador era Christian Gourcuff, padre del reconocido jugador Yoann. Su debut se produjo el 13 de agosto de 2004 cuando entró en el final del partido ante LB Chateauroux y en la primera pelota que tocó le dio el triunfo a su equipo por 2-1. “En ese momento me sentí Ronaldo”, confesó años más tarde. Sin embargo, no pudo ganarse la titularidad en toda la temporada y sólo convirtió un gol más ante el Stade de Reims en la Ligue 2 pero su equipo consiguió el ascenso a la máxima categoría francesa.

Sin embargo, la temporada siguiente tampoco fue la que esperaba y el Lorient lo cedió a préstamo al Pau GC del Championnat National (Tercera), marcó 8 goles en 20 partidos y tuvo excelentes actuaciones y eso motivó su regreso al Lorient para 2006/07 y por fin pudo ser titular con 9 goles en 37 partidos, especialmente uno muy recordado que significó el triunfo ante el Olympique de Marsella como visitante.

Este torneo le dio la posibilidad de mostrarse y fue así que apareció el Toulouse con una oferta por cuatro años. Debutó ante el Liverpool por la tercera fase de clasificación para la Champions League y aunque perdieron 1-0 y 5-0 en la serie, un gol suyo sobre la hora en Bulgaria ante el CSKA Sofía le dio el pase a su equipo para jugar en la Copa de la UEFA (hoy Europa League) en 2007/08. En esa temporada se salvaron del descenso por muy poco, como el último clasificado entre los que permanecieron en Primera y sólo anotó dos goles, aunque jugando como extremo derecho porque el centrodelantero titular era el sueco John Elmander y ya comenzaría, además, a lidiar con uno de los problemas que lo afectarían a lo largo de su carrera, el peso. “Siempre debo estar entre los 85 y los 90 kilos pero me encanta comer”, le reconoció en una muy reciente entrevista al periodista mexicano Roberto Gómez Juncos.

Pero su momento parecía llegar para la temporada 2008/09, cuando el Toulouse transfirió a Elmander al Bolton Wanderers y pasó a ocupar ese lugar en el ataque y terminó siendo el máximo goleador de la Liga 1 con 24 tantos, por delante incluso de Karim Benzema y lo pretendían clubes como Olympique de Lyon, Arsenal, Manchester United, Milan o Juventus, pero prefirió extender su contrato con el Toulouse por otra temporada.

Sus actuaciones en 2009 le valieron la convocatoria a la selección gala por Raymond Domenech para jugar la clasificación al Mundial de Sudáfrica en la que Les Bleus sufrieron mucho para llegar y de hecho lo consiguieron ante Irlanda con un recordado gol con la mano de Thierry Henry. Su debut se produjo ante Lituania al entrar en el segundo tiempo como suplente y una asistencia suya a Frank Ribéry permitió la victoria, aunque su primer gol tardó en llegar otros cinco meses, ante Islas Feroe.

Luego pudo formar parte de la lista definitiva para jugar el Mundial de Sudáfrica y participó de los tres partidos de la fase de grupos en la que su equipo no pudo pasar de ronda y protagonizó un escándalo luego de que Nikolás Anelka fuera separado del plantel por insultar al DT y el resto de jugadores se amotinó.

No regresó a la selección francesa hasta septiembre de 2013, cuando fue convocado para enfrentar a Georgia en el 0-0 por la clasificación para el Mundial de Brasil, pero ya no formó parte de la lista definitiva y reapareció dos años más tarde, en noviembre de 2015 para ingresar en el segundo tiempo por su amigo Giroud para marcar el segundo gol en el triunfo ante Alemania por 2-0 en un amistoso en París y en marzo de 2016 le marcó otro gol a Rusia. Sus convincentes actuaciones lo colocaron en el equipo que participó como local de la Eurocopa de ese año, que perdió la final ante Portugal. En esa definición ingresó por Giroud a los 30 minutos del segundo tiempo cuando estaban 0-0, quebró la cintura ante el defensor Pepe y sacó un remate que terminó estrellando la pelota en el poste.

Un año más tarde, en abril de 2017, consideró en una entrevista con la revista Life & Style que su tiempo en la selección francesa había terminado y que no se veía en la siguiente Copa del Mundo de Rusia. “Creo que con los jóvenes que han llegado, la Selección está bastante bien. Yo ya tuve mi tiempo”, afirmó.

En 2010/11 fue traspasado al Olimpique de Marsella, club del que era hincha desde niño. Terminaba entonces para él un ciclo en el Toulouse en el que se convertía en el máximo goleador del club en el Siglo XXI, récord que recién fue superado en 2014 por Wissam Ben Yedder.

Como en sus clubes anteriores, tampoco en el Olympique tuvo un buen comienzo porque no se encontraba en las mejores condiciones físicas y recibía burlas de las hinchadas rivales, que le cantaban “Big-Mac para Gignac” y hasta críticas de reconocidos ex jugadores del club como Jean-Pïerre Papin, que decía que su juego se había tornado “demasiado previsible”, pero no se escondió y reconoció que mucho de lo que se decía estaba justificado y sostuvo que en 2011 “se verá al verdadero Gignac”. Fue cuando su equipo ganó la Copa de la Liga contra el Montpellier, pero otra vez entró en problemas al iniciarse la temporada 2011/12 al frustrarse su pase al Fulham y fue derivado a jugar en la Reserva.

Su recuperación llegó en la temporada 2012/13 cuando el Marsella quedó segundo en la Ligue 1 detrás del PSG y en la 2013/14 cuando marcó 16 tantos y quedó segundo en la tabla de goleadores detrás de Zlatan Ibrahimovic (PSG).

Pero su crecimiento sería mayor en la temporada 2014/15 con la llegada como DT de Marcelo Bielsa y alcanzó su mejor temporada con 23 goles, 21 de ellos en la Ligue 1, en la que fue otra vez segundo en la tabla de anotadores detrás de Alexandre Lacazette (Olympique de Lyon). “Fue muy importante para mí”, llegó a decir sobre el argentino, mientras que el actual DT del Leeds le devolvió la gentileza al afirmar que lo admira y que se trata de “un líder que acepta jugar en un puesto que no es el suyo natural en beneficio del equipo”.

Bielsa llegó a enviarle una carta, cuando Gignac ya jugaba en México, que se tituló “Por qué respeto a Gignac”, que fue divulgada por Intérieur Sport de Canal + de Francia en un documental que el canal realizó sobre el jugador. En ese escrito, el argentino dice que Gignac lo convirtió en un mejor entrenador. “Contagia, transmite, vibra, emociona al hincha y se apasiona al hacerlo. Es un amateur, aunque se comporte como un profesional. Su mente asume cada desafío que se presenta. Es invencible no porque no lo superen sino porque jamás se rinde. Deja en el campo la energía que posee considerando al equipo por encima de él. Rechaza las excusas y las justificaciones. Se enfrenta a la realidad sabiendo que no podrá superarla si primero no la conoce”, y remató diciendo que Gignac “se parece a la ciudad y en el Olympique se lo reconoce y se lo quiere. Son de la misma raza. Convierten la rebeldía en grandeza”.

Gignac terminó siendo uno de los referentes del Olympique de Marsella tras haber jugado cinco temporadas con esa camiseta, con la que ganó dos Copas de la Liga francesa, y una Supercopa francesa con un total de 188 partidos y 77 goles.

Con 30 años, en 2015, le apareció una oferta para emigrar a México, a uno de los equipos del norte, los Tigres de Monterrey, que no estaban entre los llamados “cuatro grandes” del país (América, Chivas, Pumas y Cruz Azul) pero aceptó el desafío. Lo motivaba la participación del equipo en la Copa Libertadores de ese año y la Liga de la Concacaf 2015/16.

Como suele suceder con muchos extranjeros que tradicionalmente llegan al torneo mexicano, muchos especularon con que Gignac llegaba para terminar su carrera, algo que pasó con Bernd Schuster (Pumas). Luis García (Puebla) o incluso Pep Guardiola (Dorados de Sinaloa) pero sucedió todo lo contrario. Relanzó a Tigres, que se fue convirtiendo en uno de los referentes mexicanos de la década, y en 2020 terminó ganando la ‘Concachampions’ tras tres intentos fallidos) y se convirtió en el primer club mexicano en llegar a la final del Mundial de Clubes para enfrentar en Qatar al Bayern Munich.

Gignac es un ídolo sólo comparable al volante ofensivo de los años ochenta. Tomas Boy, quien además también llegó a ser el capitán de la selección mexicana en el Mundial de 1986 y que vistió la camiseta de Tigres en catorce temporadas. “Antes de venir estudié bien la historia del club y del fútbol mexicano por lo que sé quién es Boy y creo que no se pueden comparar tiempos distintos”, sostuvo en una entrevista, en la que también reconoce a otro histórico capitán argentino, Osvaldo Batocletti.

Gignac, que ya tramitó la nacionalidad mexicana y su cuarto hijo nació en este país, recién habla un suelto castellano nativo y canta melodías de Luis Miguel en los entrenamientos. Y llega como figura y máximo goleador del equipo en 5 años (147) y 4 títulos mexicanos y una final de Libertadores perdida ante River en 2015. “Queremos ganar todo. En 2015 perdimos bien aquella final en Buenos Aires y sabíamos que iba a ser difícil tras empatar como locales en la ida. No fue nuestra noche y ellos juegan fútbol argentino muy duro, con muchos vicios. Pero hoy ya no somos aquel equipo y con todo respeto a los cuatro “grandes” de México, Tigres, y su rival de ciudad, Monterrey, han sido más en la última década, y eso qu soy un gran admirador de Mauro Boselli, gran goleador de León”, sostuvo ante el periodista Gómez Junco.

En estos años estuvo más de una vez en el radar de Boca Juniors y se dijo que estuvo muy cerca de vestir su camiseta, aunque se lo ve muy afincado en México. “Miro especialmente a los niños y me cuido mucho, apenas salgo una vez por semana a comer y me duermo temprano y no me gusta el alcohol, hago una vida sana”, comentó.

Suele salir en defensa de sus compañeros al citar que en México “se tiene el mismo profesionalismo que en Europa y la liga no tiene nada que envidiar a otras grandes” y se suele quejar de la prensa local “que es demasiado dura con sus jugadores” y cuando le preguntan la diferencia entre Europa y México responde enseguida “la salsa”.

También sale en defensa de su DT. El brasileño Ricardo Tuca Ferreti, quien lleva décadas afincado en México: “Es un apasionado del fútbol, fue un gran goleador y entiendo que con la prensa es un showman pero con nosotros, sin entrar en detalles, es una persona increíble. Cuando grita yo cierro la boca y calladito te ves más bonito”. Del brasileño, sostiene que “no muchos pueden dirigir como él un vestuario de egos y eso no es una cuestión de dinero sino de armar buenos equipos, como ocurría con los Galácticos del Rea Madrid”.

Suele destacar que el factor más importante de su carrera es “la mente porque cuando quieres, puedes” y sostiene que “no tengo un talento impresionante pero mi mente me ayuda y cada vez que estoy mal recuerdo momentos difíciles en mi vida y saldo adelante. Llegué al Lorient y había seis delanteros antes que yo y terminé jugando. En el Toulouse empecé mal y terminé muy bien y en el Marsella los dos primeros años fueron catastróficos y terminé metiendo 77 goles. Sé desde muy joven que la competencia desde atrás me empuja y necesito eso para no relajarme” aunque aclara que “no es que sea un jugador engreído o agrandado pero sé que tengo una mentalidad a tope”.

En total de su carrera, Gignac jugó 611 partidos de clubes con 276 goles (0,45 de promedio) y 36 partidos con 7 goles en la selección francesa , y entre todas las categorías, 617 partidos con 268 goles (0,42).

Tiene cuatro hijos. Los dos primeros, André-Pïerre junior y Léonard son hijos de su primera mujer, Stéphanie Le Menarch, con quien estuvo casado hasta 2010, mientras que Grace y el pequeño Eden (éste nació en México) los tuvo con su actual esposa, Déborah.

Si en Francia lo conocen con el apodo de Dedé, un famoso ex periodista deportivo, Roberto Hernández Junior, lo bautizó como El Bomboro por la similitud de pronunciación de su apellido con la palabra “quiñá” de una famosa canción de la banda “La Sonora Santanera”, “Bomboro quiña quiña”.

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