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La historia del bombero colombiano en el 9-11: “No se pudo hacer más”

El pereirano encontró la caja negra de uno de los aviones que se estrellaron contra las torres gemelas hace 20 años, asegura que su principal tristeza es que no pudo rescatar a nadie

bombero colombiano 9-11

Este año se cumplen 20 años de una de las tragedias que marcaron la historia de Estados Unidos y la humanidad. La caída de las torres gemelas se convirtió es un hito que, hasta el día de hoy, es conmemorado con profunda tristeza pero, además, recuerda las razones por las que tropas americanas se instauraron en territorio afgano para derrotar a los Talibanes, en un operativo que el gobierno de George W. Bush, y sus aliados de la política, denominaron la ‘guerra contra el terrorismo’, con el que obtuvieron una victoria que se desvaneció hasta hace unas pocas semanas.

En estos hechos, que causaron la muerte de 2.996 personas, incluidos 19 que hicieron parte del atentado, la desaparición de 24 víctimas, y más de 25 mil heridos, estuvo presente el colombiano, experto en rescates, Luis Eduardo Marulanda, que durante 40 horas sin parar, estuvo buscando salvar la mayor cantidad de vidas posibles. El hombre, que reside en Bogotá, pese a su gran labor y ayuda a muchas personas que lograron sobrevivir y a muchas familias que pudieron despedir a sus seres queridos, se pregunta, pese al tiempo, si hubiera podido hacer más.

Cuando los miembros de la red yihadista Al Qaeda secuestraron y estrellaron los dos aviones contra las Torres Gemelas, el rescatista colombiano se hallaba en Nueva York por casualidad; su trabajo como bombero lo había llevado al país norteamericano a hacer un curso por unos días y ha comprar unas ambulancias para la Cruz Roja colombiana.

bombero colombiano 9-11

“Se me pone la piel de gallina. Sabíamos que había mucha gente atrapada ahí”, dijo, con muchas emociones a flor de piel, Marulanda, a la agencia AFP, al recordar esa noche que para muchas personas se convirtió en un hecho eterno que les cambio la vida.

En el momento que la tragedia comenzó a eso de las 9 de la mañana, el colombiano se dirigía al sur de Manhattan y al ver lo que estaba sucediendo con el primer impacto de avión, el hombre, que hoy tiene 57 años, se ofreció como bombero voluntario para enfrentar la tragedia.

“Querían que subiéramos a hacer una inspección si quiera hasta el veinteavo piso, pues los sistemas contra incendios funcionaron del piso 80 para arriba, así que la primera asignación que me hacen es entrar para tratar de verificar si había fuego en esa zona”, recordó Marulanda y aseguró que pese a la meta que tenían “alcanzamos a subir cinco escalones, nada más. El caos era tremendo, la gente se lanzaba una encima de la otra. Era imposible subir, había una turba humana”.

El rescatista posee una gran experiencia en terremotos, avalanchas y otras catástrofes; pues ha trabajado no solo en Colombia, sino ayudando en países como Ecuador, Perú, México, Haití y Nueva Zelanda. Además, de la experiencia que ganó en Estados Unidos, pues su visita, que iba ha ser por unos días, se extendió por tres meses, donde permaneció en la zona cero, buscando sobrevivientes y recolectando evidencias de la sucedido.

“Vi miembros sueltos, troncos sueltos (…) Vi muchos, muchos cuerpos calcinados que quedaron muy pequeños, reducidos, imposibles de identificar”, aseguró y en su relató se le vino a la mente un caso que marco su vida “Vi a una familia mexicana a la cual le entregaron un par de zapatos para enterrar, recuerdo su cara, el traductor les hablaba y la mujer decía: ‘¿Y usted quiere que me lleve esto?’”.

Además, entre los escombros, encontraban partes de cuerpos, hasta partes de cabello con las que tuvieron que hacer reconocimiento para darle respuesta a las miles de familias que fueron victimas de una guerra en la que no habían participado. Sumado a personas que nunca tuvieron las respuestas que necesitaban, pues al ser migrantes ilegales tenían miedo que a su perdida de un ser querido se le sumara la deportación.

“Sentía un dolor de patria, aunque no era mi patria. Pero uno no necesita ser ciudadano americano para sentir ese dolor. Y eso persiste”, reflexionó el colombiano que luego de prestar su servicio fue deportado y vetado en Estados Unidos por siete años.

El sujeto que tuvo que pedir ayuda psicológica durante un largo tiempo en Colombia, pues los hechos afectaron su vida en general, aseguró que esas “jornadas maratónicas” fueron posibles, pues estuvieron acompañadas de ayuda a los psicólogos ubicados en carpas del otro lado del río Hudson, en Nueva Jersey y también de quiroprácticos “que lo desbarataban a uno, pero lo dejaban como nuevo”.

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